
Quiero entrar
quiero entrar
quiero entrar
Déjame entrar
Pídeme entrar...
Abre para que pueda entrar.
Prueba la seda del pensamiento...
Es sutil, pero fuerte
Sutil, casi imperceptible
como el despertar de una semilla, después de mucho tiempo.
Tiempo que estuvo oculta en lo profundo de la humedad...
Aún sin que te dieras cuenta,
de que el lugar en que te encuentras
de que el lugar en que me encuentro
es en nuestro acantilado...
En las alturas suspendidos y sin gravedad.
Al estar allí, no hay reposo,
siempre puedes caer ...
siempre puedo caer...
Por eso te pido ¡Cae en nuestro infinito!,
el de más allá de las barreras,
donde la semilla crece profunda en nuestros corazones...
su eco ha durado por todos nuestros latidos...
hasta el silencio
¿Y las dudas?
¿y esos soterrados dolores?
¿Y ese miedo paralizante?
¿y esa mirada que me abrió la puerta
a un universo lleno de vibraciones magníficas?
Fueron tus ojos y esa sonrisa
que se negaba a ser...
que se negaba a ver...
que miraba los subterráneos mundos
con la inspiradora y sigilosa esperanza
a la víspera de la batalla.
Descendí profundo,
y me obligué a vivir con los demonios,
que a veces,
solo en el silencio de las tristezas reconocemos.
Y entonces decicí ser feliz
y decidí amar en esta vida y no en la que sigue
decidí que podía transformar este cuerpo en el motor de mi espíritu
y te nombré...
Seguías en mí como el eco profundo del llamado
boca abajo en los seres extraños...
Cuando supe de tu alegría,
la mía fue inmensa,
cuando entendí de mi rechazo...
te vine a buscar y decir te amo,
porque las voces no cesan de acariciar
mis ojos
mis manos
mi pelo
¿No sabes acaso, que los demonios están en los ojos paralizados?
Demonios que te niegan el derecho de saberte
uno,
todos,
o miles
y que siguen llamando como asesinos a mi cordura…
Entonces fui niña, fui mujer, fui locura, fui resistencia
Necesitaba oxigenar la tierra en mis pies
y tu siempre existias...
Ahora estamos al borde del abismo...
y quiero saltar